Lo que un maratón me enseñó sobre el liderazgo
Corrí mi primer maratón sin saber que también estaba aprendiendo a liderar. Han pasado catorce carreras desde entonces, y ninguna fue realmente sobre los kilómetros.
En los primeros años de mi carrera ejecutiva, lideraba como corría mis primeros maratones: con toda la energía al principio, tratando de demostrar que podía con todo desde el kilómetro uno. Terminaba agotado — en la pista y en la oficina — mucho antes de llegar a donde realmente importaba.
Correr me enseñó algo que ningún curso de liderazgo me había enseñado: saber cuándo empujar y cuándo conservar. Un maratón no se gana en los primeros cinco kilómetros. Se gana — o se pierde — en el kilómetro treinta, cuando el cuerpo quiere parar y la única razón para seguir es la que decidiste antes de empezar a correr.
Liderar equipos, atravesar crisis, y construir culturas desde adentro durante 30 años se parece más a esto de lo que la mayoría admite. No se trata de tener la respuesta más rápida ni la reacción más impresionante. Se trata de tener la resistencia — y la honestidad — para saber en qué kilómetro estás, y decidir con integridad cómo vas a terminar.
Vamos con fe, con miedo, pero sin detenernos.